
¡LA VIDA ES LA GUERRA!
Desiree Martínez
El otro día durante una cena, una de las invitadas me preguntó si me gustaba mi profesión. Siempre suena muy romántico cuando uno le platica a las personas que es ARQUITECTO PAISAJISTA. Se lo imaginan a uno brincando cual mariposa de flor en flor haciendo sólo cosas bonitas y pasándola muy bien. “Es un apostolado”, contesté y decidí no aportar más al asunto.
En Apeldoorn, durante un tour de bicicleta que realicé con nuestra buena amiga Jenny Osuldsen de Noruega (Snøhetta), durante la plática se me salió la expresión: “.... ya me cansé de ser pionera”. Y .... de verdad, hay veces que desearía que las cosas tuvieran su curso y que el mucho trabajo que le hemos metido a la promoción y difusión de la profesión ya estuvieran, de alguna forma dando frutos y dejar de tener que batallar a cada paso.
Hemos librado batallas con clientes y contratantes, recuerdo, por ejemplo, el diseño de Avenida Central en San Juan del Río. En donde primero teníamos que ganar las batallas internas contra los ingenieros civiles que encabezaban el equipo. Luego, convencer a los funcionarios del Gobierno del Estado, que una alternativa enfocada al peatón, más que a los coches era la mejor. Todo funcionaba medianamente bien, siempre y cuando nuestros ingenieros no nos apuñalaran a la hora de la hora por la espalda y presentaran, antes nuestros sorprendidos ojos, otra alternativa de sección vial, que había cancelado nuestras banquetas anchas y tratamiento de parque lineal, para convertirlos en otros 4 carriles para autos. A final de cuenta e invirtiendo masivamente energía se logró quizás un 50% a 60% de nuestro proyecto. Quien conoció la carretera a Tequisquiapan antes de la remodelación nota francamente el cambio y hasta hemos ganado algunos admiradores.

|
 |
Otra guerra fue, sin duda, la que libramos para la construcción de Canal Nacional. Mientras que el proyecto fue increiblemente armónico (a reserve de los líos burocráticos que siempre conlleva el trabajo con el Gobierno), la construcción, en la que nuestra participación era meramente margina, fue un desastre. Las empresas constructoras y supervisoras solamente ven por sus intereses económicos y la calidad de las obras SIEMPRE dejas muchísimo que desear. Considero que hay falta de profesionalismo y ética. Después de cartas a la contraloría y apoyo técnico a los vecinos, la obra se concluyó medianamente, aunque el concepto más importante, que era el retiro de eucaliptos muertos y de alto riesgo, no se llevó a cabo. Fazit: año con año siguen cayéndose eucaliptos, poniendo en riesgo a las personas y sus bienes (casas y autos). Para colmo, los gobiernos delegacionales de Coyoacán e Iztapalapa tienen el sitio en el abandono.
Guerras se libran para que te contraten. Rara vez un sí del cliente no va precedido de un sinfin de llamadas telefónicas. Hay veces que sería bonito, que simplemente dijeran que no y dejar los eternos periodos de indecisión que luego le restan al tiempo útil del proyecto. Hay que pelear por cada pago..... y, ni hablar de las andanzas que implica una contratación de parte de cualquier Gobierno (padrón de prestadores de servicios, concursos, firma de contrato, vueltas para estimaciones.....). Con frecuencia me pregunto ¿por qué tiene que ser aquí todo tan complicado? Todo esto, además representando una disciplina que hay que justificar, a pesar de que evidentemente está enfocada a la sustentabilidad y a la calidad de la vida de la gente.
Uff, pero ¿qué otra alternativa nos queda que ser guerreros y pioneros? ¡Espero que en algunos años (décadas) esto sea algo más fácil!
 
|